Análisis | The Legend of Zelda: A Link Between Worlds

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En una época en la que Nintendo parece hacer todo lo posible por sorprender negativamente a sus fans más acérrimos (por otro lado siempre demasiado conservadores), esperar una secuela de A Link to the Past no entraba ni de lejos en la lista de deseos plausibles. Y por llevar la contraria, la gran N anunciaba exactamente eso hace ya ocho meses. A Link Between Worlds, título de este pequeño gran autohomenaje, cumple a la perfección su condición de viaje nostálgico: historia sencillota, perspectiva cenital, jugabilidad simple y más intención de caer bien que de impresionar. El resultado de esa retrospección es una de las mejores entregas de la serie.
Argumentalmente, este nuevo Zelda opta por lo simple: tras los hechos de A Link to the Past, la familia real de Hyrule decidió dividir la trifuerza; una parte fue a parar al fallecido Ganon, otra a la propia familia real y la última al corazón de Link. Seis generaciones después, un individuo llamado Yuga emprende el secuestro de la nueva hornada de sabios, como parte de un plan para conseguir el poder de Ganon. Cómo no, será el Link actual quien deba detenerlo.

Ese es, a grandes rasgos y a fin de no reventar, el punto de partida de la enésima cruzada de Link para salvar a Zelda, Hyrule y lo que cuadre. Todo se nos presenta mediante murales a modo de secuencia de vídeo, que consiguen sumergir al jugador en el meollo con la característica sencillez del título.
A partir de aquí, pocas complicaciones en cuanto a interfaz e indicaciones. El diseño de los menús y demás es extremadamente simple y, a pesar de la presencia de ciertos tutoriales, la mecánica del juego resulta bastante autoexplicativa, en parte por lo añejo de la misma. En líneas generales, y como viene siendo habitual, no resulta difícil entrar de lleno en la experiencia ofrecida por A Link Between Worlds.

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Uno de los puntos más controvertidos de esta nueva entrega, sin lugar a dudas, ha sido y es su aspecto. Desde que fuera presentado el pasado 17 de abril en Nintendo Direct, mucho se ha debatido sobre si es correcto intentar emular el aspecto visual de su predecesor, lanzado en su momento para Super Nintendo, en tanto que el resultado podría ser simple e inadecuado para las consolas actuales. A juicio personal, tanto el diseño como el acabado sientan como un guante. Los personajes van sobrados de encanto y el amplio mapa (más por secretos que por extensión) está lleno de detalles visuales que evitan la sensación de vacío, a lo que se suma un carácter colorido en un cóctel que, efectivamente, recuerda muchísimo a la triunfal entrada de la franquicia en Super Nintendo. Y eso no es algo negativo, sino todo lo contrario; A Link Between Worlds es capaz de parecer añejo a la par que logra un pulidísimo aspecto visual.

El apartado sonoro no necesita presentación: Link sigue siendo un héroe silencioso y, en la línea de anteriores títulos, los personajes sólo abren la boca para gruñir, reír y demás. Toca, como siempre, centrarse en la música, que no es otra cosa que una nueva grabación de la BSO de su predecesor histórico. Las inevitables mejoras en el sonido sirven para elevar enormemente un libreto que ya era genial en 1991, buscando una vez más tocar la fibra del jugador más retro.
A nivel jugable, A Link Between Worlds es, en muchos sentidos, A Link to the Past 2.0. Sin embargo, a pesar de esa vocación, no se priva de tener sus particularidades, empezando por el genial añadido de la pintura. A partir de cierto punto en la historia, Link tendrá la habilidad de fundirse con la pared, lo cual le permitirá moverse entre salientes, entrar por rendijas o huir de enemigos, entre otras cosas. No sólo es divertidísimo y esencial para lograr el 100%, sino que además añade una nueva dimensión a la considerable cantidad de puzzles y exploración, que gracias a esta habilidad se vuelven muy satisfactorios.
Y es que esa es la palabra que define a esta nueva entrega: satisfacción. A pesar de su extrema sencillez y lo simple de su concepto, el planteamiento y la sensación de logro hacen muy difícil soltar la 3DS mientras A Link Between Worlds esté dentro. Aunque sólo sea por ver qué hace el nuevo objeto, cómo es el nuevo jefe o cuánto daño te pueden hacer en el Modo Héroe (que añade un enorme valor de rejugabilidad), el juego no para de dar motivos para seguir adelante, siendo totalmente incapaz de aburrir. Y esa es la mayor virtud que puede tener un videojuego, aunque haya quien, al parecer, ha olvidado ese concepto.

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CONCLUSIÓN

A Link Between Worlds es una carta de amor a los fans más veteranos de la longeva franquicia. Esto no quiere decir que los jugadores más jóvenes y acostumbrados a la jugabilidad tridimensional vayan a ser incapaces de disfrutarlo, sino todo lo contrario; probablemente, esta sea su mejor oportunidad para entrar en contacto con las raíces de la serie. No es en absoluto un juego perfecto: peca de ser demasiado fácil y puede hacerse bastante corto, incluso con las misiones secundarias de por medio. Con todo, su enorme encanto y capacidad de divertir lo convierten en una compra obligada dentro de un catálogo cada vez más brillante e imprescindible, como es el de Nintendo 3DS.

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Uh…

EN TRES FRASES

  • Divertidísimo y técnicamente precioso, a destacar los puzzles y la pintura, esa genial idea.
  • A pesar de que a todas luces es facilón y bastante corto está presente la constante sensación de progreso y desafío.
  • Ravio es un grande.

NOTA

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avatarLa opinión de Enkor

A pesar de que, como bien dice Adamska, este juego es uno de los imprescindibles para todo aquel que tenga la portatil de Nintendo, al jugarlo tengo que reconocer que he tenido sentimientos enfrentados:

Aunque su factura es excelente, descubrimos al jugarlo que la historia, a pesar de que cumple su función perfectamente, es una de las más simples de la saga. Esto sumado a que apenas hay busquedas secundarias nos da como resultado uno de los zeldas más flojos argumentalmente hablando (ojo, flojo sí pero correcto también). Uno de los grandes hallazgos jugables del cartucho es la ya mencionado cualidad de Link de convertirse en pintura, cualidad que casi sin darte cuenta interiorizas a la hora de resolver las mazmorras y eso es un punto muy a favor. Hablando de mazmorras, como siempre, funcionan como un engranaje en el que al final todo encaja a la perfección, la tara en este caso vuelve a ser la simpleza y la casualización que baña todo el título, pero como he comentado antes, es igualmente disfrutable. Se echa en falta también, jugablemente y agumentalmente hablando, un mayor aprovechamiento de la conexión entre Hyrule y Lorule (como sí se hizo en A Link To The Past con el mundo oscuro).

Mención especial hay que hacer a la música, nos acompañarán temas clásicos (rescatados fundamentalmente de A Link To The Past) y otros tantos nuevos que están al mismo nivel. Aparte de eso la producción musical es perfecta.

A Link Between Worlds es un homenaje claro al Zelda clásico. Incluyen bastantes guiños fanservice colocados unicamente para el disfrute del jugador de toda la vida, pero a la vez han bajado la dificultad para captar a las nuevas generaciones. A pesar de todo, en el computo general, Nintendo vuelve a acertar.