Análisis | QuackShot (MegaDrive)

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¡Y seguimos! Seguimos analizando los grandes juegos de  personajes Disney de las 8 y 16 bits. Tras hablar del Chip y Chop y el Lucky Dime Caper, toca el turno de hablar del equivalente a este último pero en los 16 bits de Sega, el llamado QuackShot.

Mi experiencia se remonta a finales del año 91, cuando regalaron este juego a mi prima. Entonces yo no tenía MegaDrive, pero era como si la tuviera, ya que me la solía prestar durante largas temporadas a cambio de mi Master System (que a ella le gustaba más) hasta que poco después tuve la mía propia. Por lo tanto, el inicio de mi idilio con este juego (al contrario de lo que me solía ocurrir) no viene de ningún anuncio de tv, ni de revistas, ni de la tienda de la esquina, sino del hecho casi aleatorio de que mis tíos se lo regalaran a mi prima por navidades. Yo ya tenía el Castle Of Illusion de GameGear, y no tengo que explicar que Sega + Licencia Disney era igual a juego perfecto, por lo que con solo ver la portada las ganas de probarlo fueron tremendas.

Probablemente si no hubieran regalado el juego a mi prima yo no me lo hubiera comprado un par de años después, ya que el juego JAMÁS lo vi en alquiler en las tiendas cercanas ni lo pude probar en ningún lado, y como ya he contado en varias ocasiones, en esa época yo no compraba juegos a ciegas, salvo rara excepción. Y este podría haber sido una o no. Nunca lo sabré, y me alegro.

Pasemos a hablar del juego. Como dije más arriba, al igual que en el Lucky Dime Caper, nos encontramos con un juego protagonizado por el  Pato Donald (personaje que en mi opinión es 200 veces más carismático que Mickey pero 300 veces más olvidado) solo que a diferencia de su equivalente en Master System no encontramos a un Donald genérico, sino a un Donald (y con él toda la historia) “indianajonesizado”, osea totalmente inspirado por las pelis del tándem Lucas/Spielberg.

Este tipo de escenarios con ciudades al fondo siempre me han fascinado

Diseñado por el grupo AM7 de Sega, cuenta con el dios Emirin a la cabeza dirigiendo y diseñando todo el cotarro. El historial de este hombre (o mujer) es de sobras conocido. Todos los “of illusion” son suyos. Seguimos sin saber su nombre verdadero ni quien era en realidad.

La historia del juego comienza un día que Donald estaba leyendo libros de la biblioteca del tío Gilito (en realidad solo miraba los dibujos) y se encuentra con lo que parece un mapa del tesoro de un rey antiguo. Sin pensárselo tres veces, coge a sus, también tres, sobrinos Jorgito, Jaimito, y Juanito, se arma con su pistola de desatascadores y se pira en busca del supuesto tesoro. Pero el malvado Pete Patapalo estaba con la oreja puesta y oye todo, por lo que no podía ocurrírsele otra cosa que entrometerse en los planes de Indiana Donald.

Al inicio, y de forma similar al “Dime Caper”, podemos elegir entre tres zonas para comenzar la aventura. La diferencia es que esta vez Sega quiso añadir un ligerísimo elemento RPG al juego, que nos obligará a volver a un escenario que ya creíamos finiquitado para utilizar cierto objeto conseguido después que nos permita llegar más lejos en ese nivel. Esto no complica demasiado la aventura, de hecho, no supone complicación alguna, pero reconozco que en su momento me costó un poco entenderlo, ya que con 10 años yo no tenía ni idea de inglés y no sabía lo que esos amables personajes me contaban, a pesar de que sus diálogos eran cuatro frases.

Nuestras primeras tres opciones serán Patoburgo, ciudad natal de Donald, donde unos clones de Pete pero más pequeñitos nos acechan y nos estorban (pero no demasiado). Al “final” del nivel plantaremos la bandera para que pueda venir el avión con los tres sobrinetes a llevarnos a otro destino. Puse final entre comillas, porque después de conseguir cierto objeto deberemos volver a este punto para seguir avanzando por los tejados de Patoburgo.

Aquí plantamos la bandera para que nos recojan los sobris (debe tener dentro una radio baliza o algo).

Después vendrá Méjico, donde caminaremos entre zonas áridas y desérticas hasta llegar a una pirámide maya en la cual nos introduciremos.

Transilvania. Visitamos Rumania y el castillo del famoso conde Duckula(no es el, pero parécesele)

Brutal la ambientación que logran los gráficos y la música en este nivel

Finiquitadas estas zonas podremos viajar a cuatro más, que serán Egipto (de nuevo con más pirámides), el Polo Sur (con pingüinos y “tolapesca”), un barco vikingo (a Sega le encantaba este tipo de escenarios), y la India, donde encontraremos un laberinto de puertas que puede ser uno de los puntos más difíciles del juego, aunque no es para desesperarse.

Cuando terminemos estas fases ya nada nos impide ir directos al escondite del tesoro. Nada salvo Pete Patapalo, claro, que roba el mapa y nos toca seguirle hasta su escondite en medio de la selva, por lo que ya hay otro nivel más. Una vez superado éste ya podemos ir a la fase final del juego y enfrentarnos al último enemigo.

El final del juego es bastante gracioso y frustrante para el pobre Donald, pero no voy a contároslo aquí. Podéis pasaros el juego o mirar algún gameplay completo. Jejeje.

JUGABILIDAD

Aunque este juego no contenga la coletilla “of illusion” está considerado oficialmente como parte de dicha saga (de hecho, posteriormente se incluyó en varios recopilatorios de dichos juegos), por lo que eso significa que el nivel jugable roza la perfección y es prácticamente insuperable. Ni en esa época ni hoy en día. Tenemos 3 botones de acción: correr, disparar y  saltar. Lo normal es disparar desatascadores que irán potenciándose a lo largo del juego, pero también podremos disparar burbujas de chicle, que irónicamente servirán para romper piedras (deben estar podridas o que se yo xd), o balas de maiz.

Donald se maneja a la perfección, con las inercias y físicas totalmente cuidadas, y puede agacharse y hacer segadas por el suelo, puede rebotar en los palos de los desatascadores, puede dispararlos a un pájaro y agarrarse para disfrutar de un vuelo gratuito, etc… vamos, que las posibilidades son muy numerosas. La dificultad tiene el punto justo que hace que jugar sea un pequeño reto pero que tampoco sea desesperante. Yo la situaría en un punto intermedio entre el Castle y el World of Illusion (ambos en MegaDrive). La duración del cartucho es bastante elevada, aunque no tanto como para necesitar savestates o passwords.

GRÁFICOS

Ilustraciones coloridas, animaciones fluidísimas, escenarios enormes, tropecientos planos de scroll en los escenarios, etc. Todos ellos forman un ecosistema ideal diseñado para que un Donald hiperactivo (sobre todo tras comerse cinco  guindillas) haga gala de todo su repertorio de gestos, movimientos, carazas, etc… difícilmente podría haberse superado, ya que técnica y artísticamente rozaban la perfección.

Aquí destacan los multiples planos de scroll paralax

SONIDO

Con una melodía para cada escenario (en algunos incluso dos o tres) es imposible que la música del juego resulte machacona, y si encima añadimos que la calidad de las composiciones es absolutamente genial y apropiada para cada escenario… ¿Qué más puedo contar? ¡Es la Sega de principio de los noventa! ¡Voy a repetir lo mismo en cada juego suyo que analice de esta época!

MÁGIA

Tal vez decir que este juego me parece uno de los 5 mejores de MegaDrive sería un poco osado por mi parte, pero sí que me atrevo a asegurar que está entre mis 10 favoritos de este sistema. Siento pena y compasión por la gente que tuvo una MegaDrive y no pudo disfrutar de este mágico juego.

PUNTUACIÓN FINAL: 9,7

Os dejo con la opinión de Enkor y un video de nuestro canal PixelacosTV donde  me paso el juego completo.

avatarLa opinión de Enkor

La primera vez que probé este juego fue un poco frustrante, ya que esperaba que los enemigos desapareciesen al dispararle los desatascadores y lo único que conseguia era paralizarlos por un instante. Otro asunto frustrante fue la no linealidad del juego. Era fácil atascarse con esos rótulos en inglés sin saber donde ir. Obviamente con el paso del tiempo ese toque «RPG» como comenta Sito, no hace más que enriquecer la experiencia plataformeril.

Estamos delante de un título brillante en muchos de sus aspectos: para empezar, gráficamente es perfecto, los sprites son super coloristas (tanto que no parecen ni de megadrive) y muy fieles a los dibujos originales. Jugablemente no hay nada que decir, los controles funcionan a la perfección, así como su equilibrio con la dificultad.

Reafirmo lo dicho arriba por el compañero: hoy día ya pocos juegos se hacen con este cariño. Un cartucho al que hay que jugar sí o sí. Imprescindible.